19 feb. 2012

El Hierro, ¿nacerá una nueva isla?

El pasado miércoles 15 de febrero vino Joan Martí, del Instituto Jaume Almera, del CSIC, para darnos razón si nacerá o no una nueva isla como resultado del afloramiento magmático submarino que tiene lugar cerca de la isla de El Hierro. Queríamos saber cómo había sucedido todo, al menos, hasta ahora. Joan Martí és geólogo de formación, y vulcanólogo desde hace más de 30 años. Es coordinador del grupo asesor del Instituto Geográfico Nacional (IGN), institución que, por ley, tiene el encargo de vigilar las áreas volcánicas.

Los datos obtenidos por la red de vigilancia son interpretados por los científicos, quienes asesoran a gestores y políticos, últimos responsables de la toma de decisiones. La gestión de riesgos en España, salvo el nuclear, está transferida a las comunidades autónomas. En Canarias, a raíz de la crisis volcánica relacionada con el Teide en 2005, se elaboró un plan de emergencia, que culminó en mayo de 2010. Poco más de un año después, comenzó la crisis volcánica de El Hierro.

El vulcanismo de Canarias
Las Canarias, como todas las islas oceánicas, son volcánicas. Surgieron de un punto caliente en el medio de la placa tectónica africana. Que surgieran en un punto central no es frecuente; es más común que las islas surjan de las zonas de contacto entre las placas, como es el caso de las Hawái o las Azores sobre la dorsal atlántica (entre las placas euroasiática, africana y americana); en estos casos, se ve la disposición lineal de los archipiélagos. El archipiélago canario no sigue una disposición lineal, si bien está vinculado tectónicamente a la Falla del Atlas.

Según datación radiométrica, el magmatismo canario comenzó hace entorno a sesenta millones de años; y, probablemente con una rápida tasa de emisión. Llegó un punto en que el material acumulado haría una fuerte presión que frenaría hasta parar nuevas emisiones de magma. Una vez parados los fenómenos constructivos, solamente actuarían los destructivos, como la erosión, o bien, deslizamientos, cuando el edificio de un volcán pierde estabilidad. La forma triangular de El Hierro indica que ha tenido tres muy notables, que involucraron grandes partes del edificio de la isla: el Valle de El Golfo, el de Isora (Las Playas) y la concavidad meridional de El Julán. En principio, El Hierro debería haber sido una isla redondeada como es La Gomera, y como es el edificio submarino.

Bajo todas las islas Canarias sigue habiendo magma, mientras que no lo hay entre las islas, que están separadas por profundidades de 4.000 m. Estas hacen que la altitud real sea muy superior a la emergida; así, el Teide, por ejemplo, que mide más de 3.700 m de altitud, en realidad es una montaña de casi 8.000m, si le sumamos el edificio submarino. El Hierro, con sus 1.500 m de altitud máxima, en realidad alcanza los 5.500 m. Estas profundidades se alcanzan también porque el peso de las islas y el vaciado de material deforman y hunden la corteza. Desde hace 10.000 años, sin embargo, en el Holoceno, en Canarias ha habido unas 20 erupciones registradas.

¿Qué se requiere para una erupción?
Para que tenga lugar una erupción necesitamos magma, es decir, roca de unas determinadas condiciones químicas fundida por presión y temperatura elevadas. Como el magma fundido es menos denso que la roca sólida (el agua es la única excepción que cristalizada es menos densa que cuando es líquida), por tanto, por gravedad tienden a ascender. Cuando llega a la superficie, se puede hablar de erupción. Si este magma tiene gases disueltos (dióxido de carbono, metano, radón, sulfúrico...), y según la cantidad, se puede generar una erupción explosiva.

El vulcanismo se puede predecir con un grado de certeza inferior a la predicción meteorológica, pero superior a la sísmica. ¿Por qué? Al ascender, el magma deforma las rocas y las rompe por mecanismos hidráulicos; la deformación se detecta con GPS y el rompimiento con sismógrafos. Otros instrumentos como magnetómetros o gravímetros también ayudan a notar que el piso inferior se mueve y cómo lo hace. Desde julio, los datos de vigilancia recogidos en El Hierro indicaban que el magma bajo la isla pugnaba por subir. Hacía 10.000 años que en la isla no había una erupción. Así que no era considerada una isla de sismicidad probable.

La crisis volcánica de El Hierro
Desde 17 de julio de 2011, la red de vigilancia vulcanològica de Canarias alertaba que en El Hierro había una actividad anormal: la actividad sísmica era superior a la habitual y más continuada, prioritariamente en el norte. Todo parecía indicar que, en algún momento, iba a haber una erupción volcánica en algún lugar cercano. Pero ¿cuándo? ¿dónde? y, sobre todo, cómo? El volcán de El Hierro se puso a emitir lava en el momento y, sobre todo, en el lugar que nadie se esperaba: el 14 de octubre a las 4:30 am en el sur de la isla.

El fenómeno curioso que ha sucedido en El Hierro es que los movimientos sísmicos primeros fuesen en el norte y la erupción fuese en el sur. Y, esto sucedió así porque, si bien la lava emergió del manto en la zona norte, debió de haber encontrado barreras estructurales (probablemente otras rocas más duras) y, por la ley de la parsimonia, pudo seguir abriéndose camino por los espacios que cedían más: hacia el sur-este. Este desplazamiento magmático fue registrado; en su recorrido se detectó una deformación que elevó a la isla unos 4 cm en superficie. El nuevo volcán surgió de un valle submarino, determinado por cartografía batimétrica en 1999. Empezó a 300m de profundidad y, ahora, se encuentra a 130m bajo el mar. Es a decir, es un volcán de dimensiones similares a las del Croscat.

Los primeros piroclastos de la erupción habían arrastrado material magmático encallado en erupciones anteriores. Así se trataba de bombas volcánicas porosas que flotaban unos días. Los piroclastos posteriores en seguida llenaban los poros con agua y volvían a sumergirse. También al principio hubo las fases más explosivas, más gaseosas de la erupción. La erupción también fue más intensa al principio, después fue menguando, aunque ahora parece que vuelve a ser más intensa. Así pues, a la pregunta ¿nacerá una nueva isla? La respuesta de Joan Martí es que probablemente no. Primero, tendría que superar estos 130m hasta aflorar. Y, si aflorara, sería necesario que se la estructura se mantuviera sin colapsar. En cualquier caso, es la primera erupción submarina que se sigue desde el momento en que dio indicios de que iba a suceder.

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